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Reflexiones sobre el deseo sexual ¿Cuánto es lo correcto?

No existe una definición exacta sobre deseo sexual. El mismo lo podríamos pensar como una energía que nos enciende y motiva a tener un encuentro sexual con uno mismo o con un otro.

En este proceso aparecen componentes biológicos (neurotransmisores y hormonas) como también pensamientos, vivencias, fantasías, los cuales son variables y dependen de la subjetividad de cada uno.

Como muchas cosas con las que nos encontramos a diario, es esperable que el deseo sexual también entre en mediciones y comparaciones. ¿Está bien el deseo que tengo? ¿Tengo poco deseo? ¿Debería tener más? o ¿Es excesivo mi deseo sexual?

Como referí más arriba, depende casi exclusivamente de la subjetividad de la persona, siendo irreducible a algún componente fisiológico. Escuchamos muchas veces, que la testosterona tiene una gran influencia en el mismo, pero no hay que olvidar que más allá de esta hormona, cuya función en la edad adulta está muy asociada a la actividad sexual, existen múltiples factores que pueden bajar el deseo en una persona.

Para comenzar, hay que tener en cuenta, que el deseo no solo es variable de persona a persona, sino que en uno mismo varía a lo largo de la vida y por los diferentes momentos que transita. Como no es igual en etapas de adolescencia, como en momentos de crisis vitales, o pasando por situaciones de estrés.

Un gran motivador del deseo sexual es nuestro cerebro, con la capacidad de fantasear. ¿Qué nos sucede si estamos en el lugar indicado, con la persona indicada pero nuestra cabeza esta en otro lado? Las preocupaciones cotidianas generan que no podamos colocarnos en el aquí y ahora.

Otra cosa que sucede frecuentemente, es no darle tiempo a nuestro deseo para que aparezca, buscamos que por arte de magia, cuando ya acostamos a los niños, cerramos la computadora y las cuestiones laborales, terminamos con las cosas de la casa, el deseo aparezca, y de forma inmediata.

Cuando estamos pasando por una situación critica en nuestra vida, un duelo, separación o problemas financieros, es esperable que una de las principales funciones que se afecten es la sexualidad. Puede ser por bajo deseo sexual o en algunos casos, el deseo sexual se mantiene pero la respuesta sexual, sea la excitación u el orgasmo, se encuentre modificada.

Esto sucede porque nuestro organismo se encuentra abocado a transitar y resolver la situación en la que se encuentra, por lo tanto colocamos toda la energía ahí y no en la sexualidad. Frente a esto es importante darnos tiempo, no presionarnos y esperar que cuando vayamos solucionando nuestras dificultades probablemente el deseo por tener un encuentro sexual venga a nosotros.

La sexualidad está íntimamente relacionada con la autoestima. Suele suceder que cuando la persona no se siente cómoda con su cuerpo, el deseo y la fantasía se encuentren disminuidos, como también en los casos que hay alguna dificultad sexual (disfunción eréctil, preorgasmia, vaginismo, entre otras) el deseo no se active, debido a que luego, en el encuentro sexual no se logra sentir placer.

Para ir finalizando, hablar de una frecuencia óptima es imposible. Lo importante es poder aceptar nuestra subjetividad y no presionarnos o compararnos con los demás. El deseo sexual es fluctuante a lo largo de nuestra vida, pero en la medida que nos encontremos conectados con nosotros mismos en el aquí y ahora, disfrutemos de nuestro cuerpo y del placer que este nos genera y nos demos lugar a la fantasía, el deseo sexual surgirá.

 

Laura Diaz

Psicóloga/ Sexóloga

 

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